
San Ireneo - Obispo y Mártir - (120-202)
La
presentación que de Ireneo hacen los cristianos cautivos en las
mazmorras de Lyon a sus hermanos en la fe de Jesucristo, que moran en
Roma bajo la dirección y obediencia al Papa Eleuterio, es magnífica y
nos da una primera biografía de este gran hombre: "Os rogamos -escriben
al papa Eleuterio- que le atendáis y le escuchéis: está abrasado por el
celo del Testamento de Cristo. Si supiéramos que un título puede
conferir alguna justicia al que le lleva os lo hubiéramos presentado
como un sacerdote de la Iglesia.
El mismo Ireneo, allá por el año
190, cuando ya está en plena madurez, escribirá a un amigo de la
infancia, Florino, y le contará, en sabrosa carta, detalles de la niñez
de ambos:
"...Te
recuerdo siendo yo niño en el Asia interior junto a Policarpo. Podría
reproducir lo que nos contaba de su trato con Juan y los demás que
vieron al Señor, y cómo repetía sus mismas palabras; lo que del Señor
había oído, de sus milagros, de sus palabras, cómo lo habían visto y
oído. Todo esto lo repetía Policarpo, y siempre sus palabras estaban de
acuerdo con las Escrituras. Yo oía esto con toda el alma y no lo anotaba
por escrito porque me quedaba grabado en el corazón y lo voy pensando y
repensando, por la gracia de Dios, cada día."...
Ireneo, pues,
recogió de labios de San Policarpo las enseñanzas del último Apóstol,
San Juan Evangelista. Luego su testimonio es interesantísimo para llegar
hasta Jesús con un solo eslabón de por medio.
Cuando todavía era
muy joven, quizá con quince años, ya sufrió en su misma carne las
sangrientas persecuciones de Adriano y Antonino Pío.
Por el año
157 encontramos a Ireneo en las Galias, enviado, quizá, por su maestro
San Policarpo, para misiones de gran responsabilidad. Viene procedente
de su patria, Esmirna, con ardiente fuego apostólico en su joven
corazón.
En Roma pasó varios años entregado al apostolado y en
defensa de la fe de Jesucristo en los tiempos que tanto abundaban las
herejías contra ella.
Por los años 177 lo encontramos en Lyon al
lado de un gran grupo de cristianos que están encarcelados por la fe que
profesaban en el Señor Jesús. Son unos cincuenta y los preside su mismo
Obispo Potino, oriundo también como él de Asia Menor y que hacía
algunos años le había consagrado sacerdote para esta iglesia de Lyon que
ahora sufre la más terrible persecución. No sabemos por qué Ireneo no
ha sido todavía encarcelado y puede moverse alentando a unos y a otros
para que perseveren en la fe cristiana. A este pueblo de Lyon y
refiriéndose a esta ocasión, alguien les ha llamado "un pueblo de
mártires". Muerto Potino los cristianos le eligen su obispo por el 180.
Los desvelos del pastor se multiplican. Se entrega sin reservas a todos
los que sufren en el cuerpo o en el espíritu. Han sido años muy duros
los que han vivido y debe devolver la paz y la calma.
Ireneo
haciendo gala del significado de su nombre, es apacible y pacificador.
Hay un respiro en la Iglesia y se dedica a multiplicar las Comunidades.
Si una cosa deberíamos resaltar de este santo Obispo sería la fidelidad a
la fe recibida. El tiene un alto concepto de la Iglesia de Roma: "La
más grande, la más antigua, por todos conocida, fundada por los
gloriosos apóstoles Pedro y Pablo".
Escribió varios tratados para
defender la fe contra las herejías reinantes. Por ellos se puede
apreciar el fuego de amor a Dios y a la verdad que llenaba su alma.
Recientemente, el P. Orbe ha escrito unos comentarios de gran autoridad
sobre estos tratados. Parece que murió mártir por el 208 en la
persecución de Septimio Severo. Su fiesta se celebra desde 1922 en toda
la Iglesia.
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